Escribir este post me produce una pena enorme. La política fue
siempre mi vocación, aquello a lo que no me importaba dedicar mi vida, y una decepción
con el paso del tiempo dado el grado de basura a la que esta práctica se ha
visto sometida debido a “politicuchos” del tres al cuarto que copan los puestos
de altura en nuestra sociedad.
He conocido a muchos de lo que denomino la “política de
trinchera” y he llegado a la conclusión de que la política es una práctica
tremendamente ingrata para aquellos que le dedican la vida a ella, y muy
beneficiosa para los que entran en ella a lucrarse, y a aquellos que, en
definitiva, solo buscan el beneficio personal y no el de la sociedad en su
conjunto, que es, en realidad, el objetivo de la política.
La política es algo maravilloso, lejos de la imagen que tiene
de ella, ya que hay que diferenciar entre la política, y los políticos. La política
es la base para la vida en sociedad, el medio para ordenar los bienes y los
valores de la sociedad, y no un mundo de engaños y ladrones, eso, son los políticos
que nos ha tocado vivir.
España necesita a la política, pero no a esta política,
necesita a los Adolfo Suarez, Julio Anguita y Manuel Fraga, entre otros, políticos
que eran fieles y consecuente con sus ideas, fuesen las que fuesen pero eran
personas coherentes, no como los políticos de hoy en día, que se encuentran
sometidos a lobbies y presiones externas que hacen que los políticos vendan la soberanía
de sus ciudadanos a órganos supranacionales. Por ejemplo, si alguien cree que
las medidas del gobierno Rajoy son del grupo popular y las del último año del
gobierno de Zapatero eran del grupo socialista están muy equivocados, ya que
todo esto lo mandan desde Europa, ese ente al que España vendió su alma en 1992
de la mano de González, pero eso no es el tema de este post.
Yo quería ser político, y lo digo a boca llena, pero no como
muchos piensan para llenar de ceros mi cuenta corriente y para tener grandes
casas y bienes. Yo quería ser político porque sentía que era mi vocación,
porque sentía que quería entregar mi vida y mi trabajo en hacer más fácil la
vida a los demás. Pensándolo fríamente creo que debo cambiar mi afirmación anterior.
Yo no quería dedicarme a la política, quiero hacerlo, sigo pensando que puedo
hacerlo, pero sólo si la política vuelve a ser lo que desde mi punto de vista
debe ser. Si hay la revolución que pido a voces y la política vuelve a ser de
los verdaderos políticos y de los ciudadanos, allí estaré yo, deseando de
entregar mi tiempo a ella, si no, será mi vocación a la que no pude dedicarme. Porque
pese a todo esto, sigo teniendo esperanza en el futuro, saldremos adelante,
estoy seguro.