El miedo, conceptualmente hablando, es una emoción
caracterizada por un intenso sentimiento, habitualmente desagradable, provocado
por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso
pasado.
Así me encuentro yo en este momento con lo que está pasando
en España. Yo, y muchísimos españoles que nos estamos empezando a dar cuenta de
que la crisis menos importante que existe en nuestro país es la económica, que
definitivamente nuestro modelo democrático está a un solo paso del fracaso y de
que ello, con la historia de España en la mano, solo nos puede llevar al
desastre.
He creído conveniente citar la definición del miedo por el
hecho de que hace referencia a supuestos presentes, futuros y pasados, y, en
cada uno de ellos, encuentro motivos de peso para argumentar mi miedo.
En el presente, pienso que los sucesos de ayer en Madrid son
la gota que colma un vaso que debió estallar hace ya dos o tres años, cuando
la situación económica y social comenzaba a ser insostenible, pero que diversos
sectores que son los que suelen promover las revueltas sociales no quisieron
levantar ya que les convenía. Ojo, no acuso a la izquierda española de culpable
de la crisis, ya que los culpables somos todos, pero si los culpo de haberse
escondido cuando un gobierno propio llevaba este país a la ruina echando
balones fuera mientras que ahora culpan a la derecha de toda esta situación. Es
esta eterna dicotomía entre derecha e izquierda, buenos y malos la que nos ha
llevado aquí. Son partidos políticos, sindicatos, empresarios y sobre todo,
medios de comunicación los que han contaminado nuestro ambiente y los que han
hecho que para algunos, la crisis solo sea culpa de Urdangarín, Gurteles y
aeropuertos fantasma, y para otros solo existan los Eres, el gobierno de
Zapatero y los carritos del Mercadona. Hasta que no superemos esto, mal camino
llevamos.
El futuro, me hace ser aún más cauteloso, las elecciones que
se avecinan en el País Vasco y en Cataluña, con el crecimiento exponencial del
soberanismo y el independentismo en estos territorios, hace que se me vengan a
la mente imágenes como las de Kosovo o la de la guerra de Yugoslavia.
Lamentablemente, en situaciones de crispación y en las que no toda la población
de dicho territorio, ni siquiera una mayoría lo suficientemente fuerte, están a
favor de la ruptura, la independencia solo se consigue con lucha, y solo se
consigue con violencia, más aún cuando España cuenta con el apoyo de la Unión
Europea, que no va a reconocer tan fácilmente a estos Estados, lo que podría
ocasionar su total asfixia.
Y ya, si miro al pasado, es cuando me tiemblan hasta las
piernas. España ha sido un país que lleva dos siglos sin estabilidad. Han
pasado Monarquías absolutistas, Dictaduras represivas, Repúblicas muy mal
implantadas, y una Democracia que creímos madura cuando aún no había ni entrado
en la infancia. Nos hemos olvidado de ella, la hemos mal cuidado, y ahora,
parece que es muy difícil de recuperar. Cada vez que hemos fracasado en un
sistema, las consecuencias han sido devastadoras, y no hay que irse ni a las
guerras carlistas, ni a los levantamientos de hace demasiado, solo hay que
retrotraerse a unos 80 años atrás, en la que una situación crítica nos llevó a
una guerra que trajo 40 años de oscuridad.
Posiblemente sea un agorero y mi opinión sea demasiado
pesimista. Posiblemente todo esto solo sea la opinión de un joven español que
ha perdido la esperanza por el futuro, que se encuentra inmerso en una
generación carente de referentes y de ideales. En estas situaciones límites
solo hay dos salidas aunque nos duela. Olvidarnos de colores, bandos y
enfrentamientos, y unir nuestras fuerzas todos juntos, dejando el sofá,
saliendo a la calle, y alzando la voz de forma pacífica, sin dejar que ningún
grupo nos rompa la voz, con el único objetivo de rescatar de las cenizas
de nuestro sistema caduco, las bases de una nueva democracia, en la que todos
nos sintamos participes de ella, y a la que no volvamos a perder el interés
cuando las cosas van bien, o seguir levantando la mucha mierda del pasado que
tiene España (que tiene muchísima) y encaminémonos a un futuro oscuro y sin más
salida que el enfrentamiento, la miseria, y la autodestrucción, ya que no hay
mayor peligro para una sociedad que el que se genera ella misma, y nosotros,
seguimos día a día, cavándonos nuestra fosa.