Pese a lo que pueda parecer debido a mi postura conservadora
en muchos ámbitos, siempre fui un idealista. Siempre pensé que con dedicación y
esfuerzo podía cambiar las cosas, siempre tuve la ilusión de no pasar por la
vida como uno más, si no que mi paso por ella fuese recordado. Pero muchas de
esas ilusiones se estrellaron al conocer una institución a la que puedo
catalogar como el mayor fracaso de mi vida, la universidad.
Siempre pensé en la universidad como un templo del
conocimiento, como un espacio donde la gente fuese a progresar y a mejorar, y,
sobre todo, a realizarse como personas. En mis últimos años de colegio me esforcé
por entrar en una buena carrera que me
hiciese cumplir mi objetivo, que me hiciese cumplir con todo eso. Pero cuando
llegué, me encontré con la cruda realidad. El sistema universitario tal como
funciona en España hace que la gente se pasee por él como si se encontrase aun
en el colegio. Los alumnos pasan, buscan aprobar, y se van. Para mí la
universidad nunca fue buscar el aprobado e irme, yo quería aprender, realizarme
y que mi título fuese algo más que un simple papel y una hoja de servicios.
Echo de menos un sistema como el americano, donde el entrar
en la universidad te lleva a vivir lejos de tu casa, del manto de protección paterno,
y donde los estudiantes además de aprender un oficio se dedican a aprender a
valerse como seres independientes y a vivir su vida.
Pero tras tres años viviendo una mentira, me doy cuenta de
que nada es como yo me esperaba, y, hoy en día lo único que tengo en mente es
terminar como buenamente pueda la carrera y ver lo que la vida me depara tras
ella. Puede que la desazón que tengo con la universidad no sea tan solo culpa
de ella. Bien es cierto que en los últimos años he descubierto que el oficio
que me ilusionaba, al que quería dedicar mi vida, es una red de mentiras y
ladrones que lejos está de lo que yo entendía de él, pero a eso me dedicaré la
semana que viene. Pero solo puedo decir que, la universidad y la política, las
dos cosas a las que tanta ilusión le puse, me han enseñado su peor cara, dejándome
tras ellas un mar de dudas del que como en todo, habrá que salir con esfuerzo y
ganas.
A mí me gustaría que la universidad fuese un espacio de
élite y excelencia, y como tal en todos los foros en los que he podido
expresarme con la suficiente libertad así lo he hecho. Pero no como muchos
entienden la excelencia y la élite como algo que se compra con dinero, si no
como una excelencia ganada en las aulas. No todo el mundo debería tener una
carrera, debería tenerla quien vaya de verdad a
aprender y con la idea de ser el mejor en el campo que corresponda,
quien tenga la ambición de mejorar el mundo desde su óptica, quien quiera
progresar como persona. Pero claro como en todo, esto será una fantasía más de
un idealista que se choca día a día con los muros de la realidad.
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