En la era en la que vivimos en la que la tecnología ha
llegado a lugares que debería incluso asustarnos, a muchas realidades
cotidianas se las denomina con la coletilla de “2.0” con el objetivo de mostrar
el giro de tuerca mostrado en estos nuevos tiempos.
Yo la usaré para referirme a, lo que para mí, es la vuelta
de aquella etapa costumbrista, clasista
y rural de nuestra España llamada la “España de la pandereta”, culpable desde
mi óptica de la crisis de valores en la que se encuentra sumida nuestro país,
más grave aún que la económica, puesto que para salir de esta última, debemos
hacerlo a través de unas ideas de las cuales nuestra sociedad, sinceramente,
carece.
En los primeros años de la democracia, la sociedad española
se vanagloriaba de su folclore y de su dieta pretendiéndola exportar al mundo
entero. Con el paso de los años, le abrimos los brazos a esa Europa que nos
machaca y hoy, nos dedicamos a presumir de deporte y a consumir basura leída,
escuchada, y vista en televisión. Hemos pasado del “Bienvenido Míster Marshall”
de de Berlanga a un “Quiero ser como Obama” de Zapatero o el “Lo que diga doña
Merkel” de Rajoy.
¿Qué podemos esperar de un país cuyo periódico más vendido
es un diario deportivo con más de un millón de de diferencia respecto a los
diarios de información general? ¿Qué podemos esperar de un país que encumbra a
una tal Belén Esteban, cuyo único logro es quedarse embarazada de un torero?
Políticos corruptos, banqueros, empresarios sin escrúpulos, sindicatos
comprados…todos son responsables del agravamiento de una crisis que tiene su
origen en una sociedad pícara, pasota y cuyo mantra se basa en dos lemas: “que
lo haga otro” y “la culpa es de los demás”.
Una sociedad aún dividida por una guerra que acabó hace más
de setenta años, que sólo se une para que su selección de fútbol gane un
mundial, no puede salir de este agujero.
Siempre pondré como ejemplo a Marbella. Hoy se culpa a los
Gil, Roca, “Cachulis” y “Pantojas” de expoliar las arcas públicas, pero no hay
que olvidar que esos personajes estuvieron en el Ayuntamiento gracias a los
ciudadanos que le vendieron su alma a estos expoliadores a cambio de que
famosos y famosillos se pasearan por las calles de Puerto Banús.
En fin, desde mi punto de vista, solo puedo decir que antes
de mirar hacia las altas esferas, deberíamos mirar la porquería que por aquí
abajo nos rodea y, todos a un mismo son, remar JUNTOS hacia un mejor futuro,
con independencia de ideas políticas, y sociales, ya que la historia nos ha
demostrado que desde el radicalismo solo se consigue pobreza y miseria, y solo
con el consenso, se puede llegar a crecer.
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